jueves, 22 de agosto de 2013
domingo, 4 de agosto de 2013
Una lágrima de alegría
7 de
la mañana, me he levantado para llevar a cabo una pequeña grabación con mi
nueva cámara fotográfica, luego de hacer mis respectivos oficios de aseo, tomo
mi cámara y la pongo en modo “Grabar Video”, ajusto la banda de seguridad a mi
mano de modo que si por algún caso me llegase a tropezar en el trayecto ésta no
se caiga de mis manos, y por último oprimo el botón rojo “REC”, me dirijo a la
puerta de entrada con la cámara grabándome la cara y el resto de mundo que hay
detrás de mí, abro la puerta y salgo a la calle, el sol en el occidente por
encima de las montañas brilla inmaculadamente presagiando un buen día, y
comienzo a caminar; como ya lo esperaba, la mirada de la gente curiosa al ver
un muchacho ir caminando con una cámara en la mano y apuntándose a sí mismo, no
es algo que se ve todos los días, sin embargo, sus miradas más que curiosidad
al final se volvían sonrisas. Mientras caminaba y llegaba a mi destino, pensaba
cuál sería el siguiente paso luego de grabar, y ya desde hacía algunos días la
idea de hacer animación por medio de la fotografía me rondaba la cabeza, no era
algo descabellada después de todo, pero tenía que aceptar que era un novato en
ese campo, y aún lo soy. Ante toda adversidad, no di vuelta atrás, y antes de
que terminara de divagar en mis pensamientos, llegué a mi destino; y segundos
antes de pasar por la puerta de pre-entrada le di vuelta a mi cámara para
grabar el frente, y casi como si el universo lo hubiera hecho coincidencia,
allí salía ella, con su sonrisa radiante, su piel blanca y delicada, sus
pómulos rosados labor de los polvos de maquillar, su nariz respingada llena de
diminutas chispitas marrones que la enternecen, sus ojos que cuando los miro
son una estela de mar hacia el infinito y esos labios rosados que parecen
porcelana, allí estaba ella y yo, como un espectador que mira una maravilla de
la naturaleza, solo guardaba silencio.
De
vuelta en mi casa, preparé los elementos para hacer el Stop motion que había
pensado mientras caminaba, dos barras de plastilina, una azul y otra morada, un
cuarto de cartón paja y un juguete de mi hermana, un mosquito de más o menos
unos 15cm de largo por 6cm de alto, y con una apariencia graciosas y agradable.
Dispuse de un trípode para mantener la cámara estática, luego de acomodar las
herramientas me dispuse a trabajar. Un trabajo largo y tedioso, fue el escribir
punto por punto “FELIZ CUMPLEAÑOS”, ya que cada letra estaba conformada por una
serie de bolas de plastilina que el mosquito punto por punto iba poniendo en el
cartón, y cada punto representaba una fotografía, además de una serie de
movimientos extras para darle naturalidad al juguete, en mi deseo de que
estuviera vivo. Alrededor de 6 horas y más de 250 fotos fueron el resultado de
la jornada que aún no terminaba, ya que hacía falta la labor de edición, y
sobre todo, darle vida al mosquito en el editor de video, acomodando foto por
foto a 0.5 segundos, para que la velocidad con que pasaran las imágenes al
reproducirse como video generaran la animación. Cerca de 4 horas de edición y
mi objetivo estaba hecho, un pequeño video como regalo de cumpleaños y la
ansiedad por entregarlo me tenían
impaciente.
Bajé
a su casa en la tarde, y cruzando una calle recordé otro detalle más para el
regalo, necesitaba un pequeño postre para acompañar el dulce regalo que
esperaba entregar, me hice cargo de ello en el parque, y continué mi camino.
Llegué a la puerta de la entrada y timbré, y ese largo momento que hubo antes
de que abrieran la puerta me hizo reflexionar, que algo así con tanta
dedicación, jamás lo había hecho, y mejor aún, me sentía de maravilla el
haberlo hecho. Ella abrió la puerta, las palabras se esfumaron de nuestras
bocas, y la fiesta de tambores en mi pecho adornaba el silencio, reaccioné y la
saludé, ella hizo lo mismo y me hizo pasar por un largo pasillo para entrar en
su casa, una vez allí me dirigí a su habitación haciéndole saber que mientras
ella terminaba de hacer lo que estuviera haciendo, yo conectaba todo lo
requerido para mostrar el regalo en la pantalla del televisor, y así fue,
prendí mi portátil, esperé a que iniciara sistema, busqué la carpeta en donde
estaba el regalo, le dije que viniera pues ya estaba listo, y ella un tanto
nerviosa se sentó a mi lado, y yo de inmediato inicié el video. 1 minuto y 52
segundos, y cerca de 11 horas de trabajo detrás de él aguardaban la opinión a
quién con tanto fervor se lo hice. Una sonrisa, luego un gesto de seriedad,
otra sonrisa, y más sonrisas adornaban su cara, y yo entre tanto, sumido en mis
pensamientos, viendo desde mi vista periférica las reacciones de ella,
intentaba adivinar qué estaba pensando, sin embargo eran intentos fallidos
puesto que no concretaba algo que fuera posible, pero al final, luego de que la
reproducción del video finalizó, la miré fijamente a los ojos, y ella con una
grande y hermosa sonrisa dejó caer una lágrima; una lágrima que para mí fue
suficiente, que para mí también fue un regalo, que para mí también fue alegría.
Alexis
Silva Plata
2071240
Taller
de didáctica II
Un viaje al centro
Cuando
era pequeño mis viajes al centro de Bucaramanga, la zona comercial vieja de la
ciudad, eran tediosos y mal humorados. Mis motivos eran simples: mucha gente,
muchos carros, y caminar y caminar, ya que iba con mi madre, la cual no quedaba
satisfecha con un solo almacén, sino hasta recorrerlos todos e inevitablemente,
al final, el producto que buscaba no era de su agrado, sin embargo, terminaba
comprando el que a duras penas le sacó un buen gesto.
Posiblemente,
así fueron mis experiencias en el centro hasta los 18 años, pero a partir de esta edad mi perspectiva
sobre aquel espacio airoso y lleno de vida, cambió, mis idas a esta zona
comercial se volvieron como una aventura de observación, ciertamente, pasamos
muchas cosas por alto ya que siempre vamos con un objetivo en mente, como lo es
comprar, o, quizás hacer algún mandado en alguna oficina, pero no miramos
alrededor la escena social que en zona VIP estamos frente a ella, la gente
pasar rápidamente calle arriba, calle abajo, unos preocupados por alguna
diligencia, otros con el fracaso en su cara por una mala situación económica,
otros con el afán de conseguir el producto que necesitan, otros gritando un
producto que venden, y otros simplemente aguardando sentados que alguien se
acerque y pregunte sobre sus productos ofrecidos sobre la calle.
Miles
de historias circulan en mi cabeza cada vez que visito el centro, el ver la
gente me hace pensar que soy solo un individuo más en la sociedad que
paradójicamente le importa un pepino quién va y quién viene, a menos que seas
una persona de alta alcurnia, y que seguramente en un contexto como este es
difícil de ver.
Sin
embargo, lo que más me causa curiosidad esa la gente que vende productos en la
calle, no una curiosidad morbosa de su vida personal, en mejor término, una
curiosidad por saber su contexto de vida aparte de la zona comercial. Dónde
viven, cómo viven, qué hacen al final del día luego de una ardua jornada de
trabajo, ¿están satisfechos con lo que hacen?, o simplemente se resignaron a lo
que me enseñaron como fe católica, a la voluntad de Dios. Luego de preguntarme
esto reflexiono, en que la vida no es justa ni injusta, la vida es como es,
como nos ha tocado, y tenemos la oportunidad de toda una vida para mejorar o
empeorar, fracasar, intentar, lograr, ciertamente, la voluntad es la que nos
aferra a este mundo y a vencer aquellas incomodidades que la sociedad nos ha
impuesto como fracasos, por lo que al final, supongo que son un van y ven de
historias en una vida, alegrías y tristezas, triunfos y derrotas, ojalá hubiera
un término medio para no sentir el vacío de esta montaña rusa.
Alexis
Silva Plata
2071240
Taller
de didáctica de la lengua materna II
Universidad
Industrial de Santander
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