domingo, 4 de agosto de 2013

Fotografía 2








Fotografía 1







Una lágrima de alegría

7 de la mañana, me he levantado para llevar a cabo una pequeña grabación con mi nueva cámara fotográfica, luego de hacer mis respectivos oficios de aseo, tomo mi cámara y la pongo en modo “Grabar Video”, ajusto la banda de seguridad a mi mano de modo que si por algún caso me llegase a tropezar en el trayecto ésta no se caiga de mis manos, y por último oprimo el botón rojo “REC”, me dirijo a la puerta de entrada con la cámara grabándome la cara y el resto de mundo que hay detrás de mí, abro la puerta y salgo a la calle, el sol en el occidente por encima de las montañas brilla inmaculadamente presagiando un buen día, y comienzo a caminar; como ya lo esperaba, la mirada de la gente curiosa al ver un muchacho ir caminando con una cámara en la mano y apuntándose a sí mismo, no es algo que se ve todos los días, sin embargo, sus miradas más que curiosidad al final se volvían sonrisas. Mientras caminaba y llegaba a mi destino, pensaba cuál sería el siguiente paso luego de grabar, y ya desde hacía algunos días la idea de hacer animación por medio de la fotografía me rondaba la cabeza, no era algo descabellada después de todo, pero tenía que aceptar que era un novato en ese campo, y aún lo soy. Ante toda adversidad, no di vuelta atrás, y antes de que terminara de divagar en mis pensamientos, llegué a mi destino; y segundos antes de pasar por la puerta de pre-entrada le di vuelta a mi cámara para grabar el frente, y casi como si el universo lo hubiera hecho coincidencia, allí salía ella, con su sonrisa radiante, su piel blanca y delicada, sus pómulos rosados labor de los polvos de maquillar, su nariz respingada llena de diminutas chispitas marrones que la enternecen, sus ojos que cuando los miro son una estela de mar hacia el infinito y esos labios rosados que parecen porcelana, allí estaba ella y yo, como un espectador que mira una maravilla de la naturaleza, solo guardaba silencio.

De vuelta en mi casa, preparé los elementos para hacer el Stop motion que había pensado mientras caminaba, dos barras de plastilina, una azul y otra morada, un cuarto de cartón paja y un juguete de mi hermana, un mosquito de más o menos unos 15cm de largo por 6cm de alto, y con una apariencia graciosas y agradable. Dispuse de un trípode para mantener la cámara estática, luego de acomodar las herramientas me dispuse a trabajar. Un trabajo largo y tedioso, fue el escribir punto por punto “FELIZ CUMPLEAÑOS”, ya que cada letra estaba conformada por una serie de bolas de plastilina que el mosquito punto por punto iba poniendo en el cartón, y cada punto representaba una fotografía, además de una serie de movimientos extras para darle naturalidad al juguete, en mi deseo de que estuviera vivo. Alrededor de 6 horas y más de 250 fotos fueron el resultado de la jornada que aún no terminaba, ya que hacía falta la labor de edición, y sobre todo, darle vida al mosquito en el editor de video, acomodando foto por foto a 0.5 segundos, para que la velocidad con que pasaran las imágenes al reproducirse como video generaran la animación. Cerca de 4 horas de edición y mi objetivo estaba hecho, un pequeño video como regalo de cumpleaños y la ansiedad por entregarlo  me tenían impaciente.
Bajé a su casa en la tarde, y cruzando una calle recordé otro detalle más para el regalo, necesitaba un pequeño postre para acompañar el dulce regalo que esperaba entregar, me hice cargo de ello en el parque, y continué mi camino. Llegué a la puerta de la entrada y timbré, y ese largo momento que hubo antes de que abrieran la puerta me hizo reflexionar, que algo así con tanta dedicación, jamás lo había hecho, y mejor aún, me sentía de maravilla el haberlo hecho. Ella abrió la puerta, las palabras se esfumaron de nuestras bocas, y la fiesta de tambores en mi pecho adornaba el silencio, reaccioné y la saludé, ella hizo lo mismo y me hizo pasar por un largo pasillo para entrar en su casa, una vez allí me dirigí a su habitación haciéndole saber que mientras ella terminaba de hacer lo que estuviera haciendo, yo conectaba todo lo requerido para mostrar el regalo en la pantalla del televisor, y así fue, prendí mi portátil, esperé a que iniciara sistema, busqué la carpeta en donde estaba el regalo, le dije que viniera pues ya estaba listo, y ella un tanto nerviosa se sentó a mi lado, y yo de inmediato inicié el video. 1 minuto y 52 segundos, y cerca de 11 horas de trabajo detrás de él aguardaban la opinión a quién con tanto fervor se lo hice. Una sonrisa, luego un gesto de seriedad, otra sonrisa, y más sonrisas adornaban su cara, y yo entre tanto, sumido en mis pensamientos, viendo desde mi vista periférica las reacciones de ella, intentaba adivinar qué estaba pensando, sin embargo eran intentos fallidos puesto que no concretaba algo que fuera posible, pero al final, luego de que la reproducción del video finalizó, la miré fijamente a los ojos, y ella con una grande y hermosa sonrisa dejó caer una lágrima; una lágrima que para mí fue suficiente, que para mí también fue un regalo, que para mí también fue alegría.

Alexis Silva Plata
2071240

Taller de didáctica II

Un viaje al centro

Cuando era pequeño mis viajes al centro de Bucaramanga, la zona comercial vieja de la ciudad, eran tediosos y mal humorados. Mis motivos eran simples: mucha gente, muchos carros, y caminar y caminar, ya que iba con mi madre, la cual no quedaba satisfecha con un solo almacén, sino hasta recorrerlos todos e inevitablemente, al final, el producto que buscaba no era de su agrado, sin embargo, terminaba comprando el que a duras penas le sacó un buen gesto.

Posiblemente, así fueron mis experiencias en el centro hasta los 18 años,  pero a partir de esta edad mi perspectiva sobre aquel espacio airoso y lleno de vida, cambió, mis idas a esta zona comercial se volvieron como una aventura de observación, ciertamente, pasamos muchas cosas por alto ya que siempre vamos con un objetivo en mente, como lo es comprar, o, quizás hacer algún mandado en alguna oficina, pero no miramos alrededor la escena social que en zona VIP estamos frente a ella, la gente pasar rápidamente calle arriba, calle abajo, unos preocupados por alguna diligencia, otros con el fracaso en su cara por una mala situación económica, otros con el afán de conseguir el producto que necesitan, otros gritando un producto que venden, y otros simplemente aguardando sentados que alguien se acerque y pregunte sobre sus productos ofrecidos sobre la calle.

Miles de historias circulan en mi cabeza cada vez que visito el centro, el ver la gente me hace pensar que soy solo un individuo más en la sociedad que paradójicamente le importa un pepino quién va y quién viene, a menos que seas una persona de alta alcurnia, y que seguramente en un contexto como este es difícil de ver.

Sin embargo, lo que más me causa curiosidad esa la gente que vende productos en la calle, no una curiosidad morbosa de su vida personal, en mejor término, una curiosidad por saber su contexto de vida aparte de la zona comercial. Dónde viven, cómo viven, qué hacen al final del día luego de una ardua jornada de trabajo, ¿están satisfechos con lo que hacen?, o simplemente se resignaron a lo que me enseñaron como fe católica, a la voluntad de Dios. Luego de preguntarme esto reflexiono, en que la vida no es justa ni injusta, la vida es como es, como nos ha tocado, y tenemos la oportunidad de toda una vida para mejorar o empeorar, fracasar, intentar, lograr, ciertamente, la voluntad es la que nos aferra a este mundo y a vencer aquellas incomodidades que la sociedad nos ha impuesto como fracasos, por lo que al final, supongo que son un van y ven de historias en una vida, alegrías y tristezas, triunfos y derrotas, ojalá hubiera un término medio para no sentir el vacío de esta montaña rusa.


Alexis Silva Plata
2071240
Taller de didáctica de la lengua materna II

Universidad Industrial de Santander