Cuando
era pequeño mis viajes al centro de Bucaramanga, la zona comercial vieja de la
ciudad, eran tediosos y mal humorados. Mis motivos eran simples: mucha gente,
muchos carros, y caminar y caminar, ya que iba con mi madre, la cual no quedaba
satisfecha con un solo almacén, sino hasta recorrerlos todos e inevitablemente,
al final, el producto que buscaba no era de su agrado, sin embargo, terminaba
comprando el que a duras penas le sacó un buen gesto.
Posiblemente,
así fueron mis experiencias en el centro hasta los 18 años, pero a partir de esta edad mi perspectiva
sobre aquel espacio airoso y lleno de vida, cambió, mis idas a esta zona
comercial se volvieron como una aventura de observación, ciertamente, pasamos
muchas cosas por alto ya que siempre vamos con un objetivo en mente, como lo es
comprar, o, quizás hacer algún mandado en alguna oficina, pero no miramos
alrededor la escena social que en zona VIP estamos frente a ella, la gente
pasar rápidamente calle arriba, calle abajo, unos preocupados por alguna
diligencia, otros con el fracaso en su cara por una mala situación económica,
otros con el afán de conseguir el producto que necesitan, otros gritando un
producto que venden, y otros simplemente aguardando sentados que alguien se
acerque y pregunte sobre sus productos ofrecidos sobre la calle.
Miles
de historias circulan en mi cabeza cada vez que visito el centro, el ver la
gente me hace pensar que soy solo un individuo más en la sociedad que
paradójicamente le importa un pepino quién va y quién viene, a menos que seas
una persona de alta alcurnia, y que seguramente en un contexto como este es
difícil de ver.
Sin
embargo, lo que más me causa curiosidad esa la gente que vende productos en la
calle, no una curiosidad morbosa de su vida personal, en mejor término, una
curiosidad por saber su contexto de vida aparte de la zona comercial. Dónde
viven, cómo viven, qué hacen al final del día luego de una ardua jornada de
trabajo, ¿están satisfechos con lo que hacen?, o simplemente se resignaron a lo
que me enseñaron como fe católica, a la voluntad de Dios. Luego de preguntarme
esto reflexiono, en que la vida no es justa ni injusta, la vida es como es,
como nos ha tocado, y tenemos la oportunidad de toda una vida para mejorar o
empeorar, fracasar, intentar, lograr, ciertamente, la voluntad es la que nos
aferra a este mundo y a vencer aquellas incomodidades que la sociedad nos ha
impuesto como fracasos, por lo que al final, supongo que son un van y ven de
historias en una vida, alegrías y tristezas, triunfos y derrotas, ojalá hubiera
un término medio para no sentir el vacío de esta montaña rusa.
Alexis
Silva Plata
2071240
Taller
de didáctica de la lengua materna II
Universidad
Industrial de Santander
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